Pensar en la comida cuando tenemos hambre es algo común. Pero si acabas de almorzar y ya estás planeando la cena, intentas hacer tu trabajo pero solo miras la mesada en donde están los refrigerios o incluso se te ocurre lo que vas a comer el fin de semana… y recién es martes, algo está pasando. En algún momento te vas a dar cuenta, o te dirán, de que el 99% de tus pensamientos son sobre comidas y comer, y que puede tratarse de una obsesión.
Cuando este pensamiento es recurrente y aparece todo el tiempo incluso cuando no hay apetito, hay que ver qué está pasando con la alimentación. Ese concepto se conoce hoy como “food noise” (“ruido alimentario”)
Los expertos lo definen como un pensamiento intrusivo, una preocupación persistente relacionada con la comida que puede anular las señales de hambre y derivar en patrones de ingesta disfuncionales.
Qué puede causar este ruido insoportable
A menudo, el “ruido alimentario” tiene desencadenantes emocionales y ambientales. Estos son algunos de los factores más comunes:
Aburrimiento
Fatiga
Culpa o vergüenza
Anuncios de comida
Cambios hormonales
Baja autoestima
Dietas restrictivas
Oler o ver comida
El término ha ganado popularidad en los últimos años, impulsado en gran parte por personas que toman medicamentos GLP‑1 (las
nuevas drogas antiobesidad) y que afirman que estos fármacos las han ayudado a silenciar ese constante parloteo mental sobre la comida.
El cerebro y el cuerpo están diseñados para enviar señales de hambre y saciedad. Sin embargo, para algunas personas, la conversación mental sobre la comida simplemente no se desconecta. Este continuo “ruido alimentario” puede llevar a una persona a comer cuando no tiene
hambre, a obsesionarse con las comidas y a sentir vergüenza o culpa por sus hábitos alimenticios.
Un artículo publicado en la revista Nutrition & Diabetes agrega elementos a la definición sobre lo que es “ruido alimentario” que la enmarcan como un problema de largo alcance: son aquellos pensamientos persistentes sobre la comida que una persona percibe como no deseados o angustiantes, y que pueden causar problemas sociales, mentales o físicos. También propone un cuestionario, como una herramienta para diagnosticarlo.
"Al definir con precisión el ruido alimentario y crear herramientas para medirlo, se pueden generar datos que nos permitan comprender mejor qué es, quién lo padece, qué lo provoca y qué ayuda a gestionarlo", dice Emily Dhurandhar, directora de proyectos especiales de investigación en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Texas Tech, quien lidera un grupo que lidera el tema, en una entrevista para US News.
Las cinco preguntas clave de este cuestionario son las siguientes:
¿Me encuentro pensando constantemente en la comida a lo largo del día?
¿Mis pensamientos sobre la comida me resultan incontrolables?
¿Dedico demasiado tiempo a pensar en la comida?
¿Mis pensamientos sobre la comida tienen efectos negativos en mí y en mi vida?
¿Mis pensamientos sobre la comida me distraen de lo que necesito hacer?
Se estima que el 57% de las personas con obesidad experimentan lo que se conoce como "ruido alimentario", según una investigación encargada por WeightWatchers y la STOP Obesity Alliance.
Si una persona siente que tiene este pensamiento recurrente y que la está afectando, tal vez es el momento de consultar con el doctor.
Ahora, por primera vez, este fenómeno cuenta con una definición clínica y una forma de medirlo.