Durante años, la nutrición se centró casi exclusivamente en qué comemos y cuántas calorías consumimos. Sin embargo, cada vez hay más evidencia de que el momento en que comemos también juega un papel relevante en la salud metabólica. Para comprender este mecanismo con mayor claridad, es útil saber qué es la crononutrición.
Se trata de un campo de estudio relativamente nuevo que analiza cómo los horarios de las comidas interactúan con nuestro reloj biológico y pueden influir en procesos como:
Horas de vigilia y sueño
Metabolismo
Niveles de energía
Temperatura corporal
Hambre
Estudios recientes en crononutrición muestran que alinear las comidas con los ritmos circadianos (por ejemplo, concentrar la ingesta en horarios más tempranos del día) se asocia con mejores perfiles de glucosa y lípidos, menor resistencia a la insulina y una composición corporal más favorable.
Este enfoque resulta especialmente atractivo porque no propone dietas rígidas ni restricciones extremas, sino
pequeños ajustes en los hábitos diarios que podrían sostenerse en el tiempo.
Sin embargo, los propios autores advierten que la evidencia aún es limitada y que se necesitan estudios más amplios y de mayor duración. Por eso, la crononutrición debe entenderse como una herramienta complementaria, integrada a una alimentación equilibrada y a hábitos de sueño regulares, y no como una regla rígida o universal.
¿Cenar tarde afecta el peso?
No es la hora en sí la que determina el aumento de peso, sino el balance energético total y el patrón alimentario general. Cenar tarde puede influir indirectamente cuando:
Se concentra gran parte de las calorías del día en la noche
Se eligen alimentos de digestión rápida y baja saciedad
La cena se combina con poco descanso o sueño insuficiente
En estos casos, el cuerpo puede tener problemas para regular el apetito al día siguiente. Pero una cena tardía
bien organizada y acorde a las necesidades del día no provoca aumento de peso por sí sola.
Impacto en el sueño
Aquí la
evidencia es más clara. Cenar muy cerca de la hora de acostarse, especialmente comidas copiosas o ricas en grasas, puede:
No se trata de irse a dormir con hambre, sino de darle al cuerpo tiempo suficiente para iniciar la digestión antes de acostarse.
Por qué algunas cenas "caen mal"
Por la noche, el vaciamiento gástrico es más lento. Esto hace que ciertos alimentos resulten más pesados si se consumen tarde, sobre todo:
Elegir cenas más simples, con porciones moderadas y combinaciones equilibradas, suele mejorar la
tolerancia digestiva.
Qué hacer para prevenir estos problema
Una buena forma de
organizar la cena es usar
El Plato para Comer Saludable, una guía desarrollada por expertos en nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard. Consiste en:
½ plato:
frutas y vegetales
¼ plato: granos integrales (como arroz integral, avena, quinoa, cebada o trigo integral)
¼ plato: proteína (pollo, pescado, legumbres,
frutos secos)
Usar aceites vegetales saludables: oliva, canola, maíz, soya, girasol, maní,
Beber principalmente agua
No todas las personas tienen los mismos horarios ni las mismas necesidades. Para alguien que entrena o trabaja hasta tarde, cenar más tarde puede ser parte de una rutina saludable. El problema no es la hora, sino la desorganización, la falta de descanso y las cenas que se vuelven el único momento del día para comer con calma, pero también en exceso.
Este artículo fue producido por Tomás Vicente, periodista especializado en Salud.