Las
enfermedades cardiovasculares continúan siendo la
principal causa de muerte a nivel mundial, y su desarrollo está determinado por una combinación de factores biológicos, conductuales, sociales y emocionales.
Sin embargo, durante años la prevención cardiovascular se enfocó principalmente en aspectos como la
alimentación, el ejercicio, el tabaquismo, la
presión arterial o el colesterol. Hoy, la evidencia reconoce cada vez más otro componente relevante: la salud mental.
Organizaciones como la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) han
señalado que factores psicológicos como el estrés crónico, la depresión, la ansiedad, el pesimismo y el aislamiento social pueden asociarse con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Estas condiciones pueden influir tanto de forma directa, a través de cambios en la respuesta del organismo al estrés, como indirectamente, al dificultar la adopción de hábitos saludables.
Durante el webinar de PALIG "Dinámicas de Salud y Gestión de Enfermedades", el doctor Roberto García, especialista en enfermedades cardiovasculares, ahondó en esta temática y señaló: "La depresión ha sido establecida como una de las principales causas de empeoramiento de enfermedades cardiovasculares".
García señaló que la depresión no es el único responsable, destacando también: "el estrés laboral, el estrés económico, el estrés relacional, las situaciones de
dismorfia corporal o la presión social".
A diferencia de situaciones puntuales de tensión, mantener durante largos períodos un estado de alerta puede generar cambios en el organismo, como aumento sostenido de la
frecuencia cardíaca, elevación de la presión arterial y alteraciones en los niveles de inflamación.
El sueño es otro elemento que conecta la salud mental con el corazón. Dormir poco o tener una mala calidad de sueño puede afectar la regulación de la presión arterial, el metabolismo y la respuesta al estrés.
Esta relación también puede funcionar en sentido inverso: afrontar una enfermedad cardiovascular puede afectar el bienestar emocional.
¿Qué se puede hacer para cuidar la mente y el corazón?
Aunque no todos los factores que afectan la salud mental pueden controlarse por completo, existen
acciones cotidianas que pueden ayudar a proteger el sistema cardiovascular:
Practicar
actividad física de forma regular, ya que beneficia tanto al corazón como al estado de ánimo
Dormir entre 7 y 9 horas por noche y mantener horarios regulares de descanso
Incorporar técnicas de manejo del
estrés, como respiración consciente, meditación o actividades recreativas
Mantener vínculos sociales y buscar espacios de conexión con otras personas
Pedir ayuda profesional cuando sentimientos de ansiedad, tristeza o agotamiento interfieran con la vida diaria
Mantener controles médicos periódicos para evaluar los principales factores de riesgo cardíaco
Recuerda, la
salud cardiovascular no depende únicamente de lo que ocurre en el cuerpo. La forma en que pensamos, sentimos y enfrentamos las situaciones cotidianas también puede influir en el funcionamiento del corazón.
Este artículo fue producido por Tomás Vicente, periodista especializado en Salud.
Fuentes consultadas:
PALIG Webinar ‑ Dinámicas de Salud y Gestión de Enfermedades
American Heart Association (AHA) "Depression, anxiety and stress linked to poor heart health in two new studies"
American Heart Association (AHA) " Stress and Heart Health"
Organización Mundial de la Salud (OMS) "Enfermedades cardiovasculares"