La
obesidad es una afección que impacta en la calidad de vida de millones de personas y está asociada a un mayor riesgo de múltiples enfermedades. Investigaciones indican que la inflamación crónica puede ser
uno de los factores que la impulsan.
Pero, a su vez, la obesidad, que se define como la acumulación de
grasa anormal o excesiva que interfiere con la posibilidad de mantener un estado de salud óptimo, puede causar inflamación crónica.
Este círculo vicioso de estados metabólicos son disparadores de afecciones como la diabetes tipo 2, el hígado graso no alcohólico, la retinopatía y enfermedades cardiovasculares, entre otras.
Hay
dos tipos de inflamación, la aguda, que es cuando el cuerpo responde a una herida o una enfermedad y el organismo se “prepara” para iniciar el proceso de curación.
La otra, la inflamación crónica ocurre cuando el organismo continúa produciendo células inflamatorias incluso cuando no hay lastimaduras o el peligro de una enfermedad. Por ejemplo, en la artritis reumatoide, las células y sustancias inflamatorias atacan los tejidos articulares. Esto provoca una inflamación intermitente que puede causar daños graves a las articulaciones.
Con la inflamación crónica, los procesos que normalmente protegen el cuerpo terminan dañándolo. Este estado inflamatorio puede durar meses o años, durante los cuales puede mejorar y empeorar de manera intermitente.
Lo ideal para mantener alejadas a una gran variedad de afecciones es
prevenir la inflamación y la obesidad. Algunas formas:
Perder peso. Al menos unos kilos o libras ayudan.
Mantener una dieta saludable. Hay alimentos que reducen la inflamación. (Ver más abajo)
Hacer ejercicio. Que, además, ayuda a impulsar el metabolismo.
En algunos casos, el proveedor de salud debe recetar medicamentos que ayudan a controlar y reducir la inflamación como las estatinas y la metformina, que también se utilizan para el manejo del colesterol y de la diabetes tipo 2.
Para impulsar la prevención de la inflamación crónica, lo ideal es incorporar estos alimentos en la dieta diaria:
Tomates
Cocinar con aceite de oliva
Consumir productos de hojas verdes como espinaca, kale o col
Y peces como salmón, caballa, sardinas y atún.
Nueves y almendras
Frutillas, naranjas, arándanos
Por supuesto, hay que evitar a los “sospechosos de siempre” como hamburguesas, carnes no magras, papas fritas, perros calientes, carbohidratos refinados como panes blancos, y productos de pastelería.
La obesidad y la inflamación están estrechamente relacionadas, y una contribuye a la otra. Comprender esta relación es crucial para desarrollar estrategias eficaces para prevenir y tratar la obesidad y sus problemas de salud asociados. Al abordar la inflamación, la persona y un asesor nutricional o de salud pueden trabajar juntos para romper el círculo vicioso, prevenir enfermedades y, por ende, mejorar la calidad de vida.
Fuentes: Clínica Cleveland, estudios científicos, OMS.