Hábitos que pueden alargar la vida de niños y adolescentes 

29 jun. 2022

Hábitos que pueden alargar la vida de niños y adolescentes

Tiempo de lectura: 4 minutos

Cuando se piensa en el legado que los padres pueden dejarles a sus hijos, lo primero que viene a la mente es una buena educación, una vivienda, valores sólidos. Sin embargo, es imperativo poner alto en esa lista a los buenos hábitos de salud como una gran herencia, ya que nuevas investigaciones revelan que ciertas enfermedades que padecen adultos jóvenes, como las afecciones cardíacas, comienzan a gestarse durante los años de la niñez y la adolescencia. 

La ciencia está demostrando algo que, en realidad, parece ser parte del sentido común: los hábitos en las primeras décadas de la vida impactarán fuerte en la salud futura. 

El trabajo más reciente publicado sobre el tema, realizado por un consorcio internacional de investigadores en los Estados Unidos, Australia y Finlandia, analizó datos médicos de cerca de 40,000 personas, que comenzaron a recopilar cuando eran niños en los años 70 a 90. 

El objetivo era tener una buena imagen cronológica de ciertos factores vinculados a la salud cardíaca: 

  1. El índice de masa corporal, la medida que se calcula dividiendo el peso por la altura al cuadrado,  que determina si la persona tiene obesidad o sobrepeso. 
  2. La presión arterial sistólica, que es la medida más alta y expresa la presión que el corazón ejerce sobre las arterias al latir. 
  3. El valor total de colesterol, que indica cuánto de esta sustancia grasosa hay en la sangre. 
  4. El nivel de triglicéridos, otra de las sustancias grasosas presentes en la sangre. 

Los científicos también recopilaron información sobre el estatus de tabaquismo de los participantes, uno de los mayores factores de riesgo para la enfermedad cardíaca. Y un hábito extendido en las décadas en la que los participantes todavía eran menores. 

Luego, entre 2015 y 2019, hicieron un seguimiento de los participantes que tenían al momento un promedio de 46 años, y hallaron números para preocuparse: 800 de ellos ya habían tenido eventos cardíacos, como accidentes cerebrovasculares o ataques cardíacos; 300 de los cuales habían sido fatales. 

3 niños pequeños comiendo manzanas rojas en una mesa de picnic

Aquéllos que en su niñez y adolescencia habían presentado valores más altos en los factores detallados anteriormente tuvieron un riesgo triplicado de padecer problemas del corazón. 

Aunque el tabaquismo surgió como el principal factor de riesgo, el hábito formaba parte del pasado o el presente de la mayoría de los adultos enfermos, otras medidas también impactaron en la salud adulta, según esta investigación financiada por los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos. Por ejemplo, aquellos que de jóvenes eran obesos o ya tenían el colesterol, la presión o los triglicéridos al límite, o altos, presentaron el doble de riesgo de padecer afecciones cardíacas. 

Qué pueden hacer los padres

Los hábitos que los niños desarrollan desde pequeños están fuertemente influenciados por la cultura de sus padres. Si la familia piensa que esas libras de más que tiene el menor indican que “está comiendo bien y es saludable”, posiblemente se estén pasando por alto señales de que hay algo que modificar. 

Por eso, los autores del análisis internacional enfatizan la necesidad de que los padres estén atentos a esas señales, y actúen para mejorar los hábitos del niño, algo que, ahora confirma la ciencia, es una inversión a largo plazo, para su salud adulta. 

Los padres deben agendar al menos una visita anual con el pediatra, o más si hay problemas de salud. Es comprensible que no se preste mucha atención a los números en el chequeo de los más pequeños, o en los resultados de los análisis de sangre. Pero esos números son importantes. Entre la información que los padres deben conocer de sus hijos están: 

  1. El índice de masa corporal del niño. Con esta medida en la mano se podrá discutir con el pediatra si es necesario tomar alguna acción, desarrollar una dieta especial o un plan de ejercicios. 
  2. La presión arterial.  Los padres no solo deben conocer los números sino informarse sobre si la medición es saludable o no. En los Estados Unidos, y en la mayoría de los países, se les toma la presión a los niños a partir de los 3 años. 
    Es el derecho de los padres tener toda esa información sobre sus hijos, ya sea en papel o a través de los portales médicos. Es importante enfatizar esto porque usualmente durante la visita al pediatra, la asistente solo comparte con el padre la altura y peso del niño, pero no otros signos vitales. 
  3. Colesterol y triglicéridos. Los datos sobre los niveles de colesterol y triglicéridos se recogen a través del análisis de una muestra de sangre. Las pautas actuales recomiendan que todos los niños se controlen el colesterol entre los 9 y los 11 años, y luego entre los 17 y los 21. 

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Los niños con más factores de riesgo, como diabetes, obesidad o antecedentes familiares de colesterol total alto deben controlarse entre los 2 y los 8 años, y nuevamente entre los 12 y los 16 años. 

Sumado a una dieta sana y a la incorporación del ejercicio en la vida diaria del menor, la charla sobre el consumo del cigarrillo debe hacerse temprano, incluso antes de que entre en su pubertad/adolescencia. Y, desafortunadamente, se debe hablar no solo del tabaco convencional, sino de los cigarrillos electrónicos o vapeo, que también tienen efectos nefastos para la salud y cuyo mercadeo mundial apunta a los menores. 

Es cierto que el desafío, y los costos, de la alimentación sana y la actividad física no están siempre al alcance de todos. Pero no hace falta mucho dinero para generar hábitos positivos: más vegetales, beber agua, limitar el azúcar agregado (especialmente en las bebidas), los alimentos procesados y las grasas no saludables pueden comenzar a hacer la diferencia. 

Lo mismo ocurre con el ejercicio: los niños deben hacer ejercicio durante una hora al día. Eso no tiene que ser un deporte de equipo o ir a un gimnasio; el juego activo, salir a caminar, hacer videos de ejercicios o simplemente bailar en la sala es suficiente. 

El legado de la buena salud no solo le garantizará al hijo o hija una mejor calidad de vida, sino que le ayudará a no tener que enfrentar costosos cuidados de salud en la vida adulta, por afecciones que en gran parte podrían haberse prevenido con intervenciones décadas atrás. 

Recuerde, siempre consulte con su médico o profesional de la salud para determinar las mejores opciones para su cuerpo y su salud y para responder cualquier pregunta que pueda tener sobre cualquier asunto médico.

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