Se sabe que comer muy tarde y acostarse inmediatamente después no es sano para la digestión. Decidir ayunar durante largas horas para adelgazar no ayuda con la pérdida de peso. Y que consumir "comida chatarra" es lo primero que hay que eliminar del camino. Nuevos estudios muestran, sin embargo, que la hora en la que se come es importante para todos, pero especialmente para aquellos que tienen una predisposición genética a engordar.
Una investigación publicada en la revista Obesity halló que:
Comer tarde se asocia con un peor mantenimiento del peso a largo plazo tras una intervención dietética para la obesidad.
Cada hora de retraso en el horario de las comidas se asociaba con un mayor aumento de peso luego de haber estado bajo una dieta para adelgazar.
Y esto se observó especialmente en personas que portaban mutaciones genéticas vinculadas al sobrepeso y la obesidad.
Comer más temprano se asoció con un mantenimiento de la pérdida de peso, logrando “burlar” el mandato genético.
Esto podría influir en la asociación entre la genética de la obesidad y el índice de masa corporal (IMC).
Estos hallazgos resaltan la importancia de un abordaje personalizado en el manejo de la obesidad, dicen los investigadores. Y de incorporar conocimientos que parecen “alejados de la realidad”, como los genes, en la vida cotidiana. Es decir:
Qué hacer para pelear contra los genes que te predisponen al sobrepeso
Primero que nada, es importante entender otras razones por las cuales es bueno comer temprano:
Comer más temprano es importante, ya que se alinea con el ritmo circadiano del cuerpo, mejorando el metabolismo y el procesamiento de nutrientes.
Consumir las comidas más temprano en el día ayuda a controlar el peso, mejora la calidad del sueño, estabiliza los niveles de azúcar en sangre
También propicia un ayuno nocturno más prolongado y saludable, reduciendo así el riesgo de acumulación de grasa y de problemas digestivos, como el reflujo ácido.
Qué significa comer más temprano
Comer más temprano significa consumir la mayor parte de las calorías diarias a primera hora del día y terminar la cena entre 2 y 3 horas antes de acostarse (idealmente, entre las 5:30 pm y las 7:00 pm).
Consejos para alinearte con las horas ideales:
No te saltees el desayuno. Consume un desayuno sustancioso y rico en proteínas por la mañana, como avena, huevos o un batido.
Prepara tus comidas con antelación. Dedica tiempo durante el fin de semana para cocinar tus platos o preparar los ingredientes que podrías necesitar para cocinar a lo largo de la semana. Tener las comidas ya preparadas te ahorrará tiempo, te ayudará a comer más temprano y evitará que termines pasando por un autoservicio de comida rápida.
Toma un desayuno y un almuerzo más abundantes, y una cena más ligera. No te obsesiones con la idea de que la cena deba consistir obligatoriamente en carne, carbohidratos y verduras. Puedes variar el menú y consumir los carbohidratos más temprano en el día, para luego cenar una carne magra acompañada de verduras. Lo ideal es haber consumido ya la mayor parte de las calorías del día para la hora de la cena, añade.
Ten a mano refrigerios. Si no te gusta hacer comidas copiosas, divide tu ingesta en porciones más pequeñas y consume refrigerios a lo largo del día. Procura incorporar proteínas, carbohidratos y fibra con estos alimentos.
Y un consejo sabido pero necesario: siempre tómate un tiempo para comer tranquilo, comer en el escritorio con el mouse en una mano y el tenedor en la otra no ayuda a organizar tu alimentación sabiamente.
Fuentes consultadas: estudio científico, UNC Health, CDC.