Además de ser muy versátiles y sabrosos, existe mucha evidencia científica sobre los beneficios de los frutos secos. Estos incluyen: almendras, avellanas, cacahuates o maní, castañas, nueces (comunes, de Pecán o Macadamia), pistachos, semillas de girasol y calabaza o anacardos. Aquí repasamos que pueden ofrecerte.