Cada vez más investigación científica avala la idea de que la salud es una construcción: un panel formado por ladrillos de buenos hábitos que vamos construyendo, y que nos protege de afecciones actuales y futuras, y nos permite tener una buena calidad de vida. Cuanto más temprano en la vida se comienza a invertir en estos hábitos, mejor.
La plataforma fundacional de este “edificio de salud física y mental” es el cuidado materno infantil.
Este es el foco del Día Mundial de la Salud 2025 que lidera la Organización Mundial de la Salud (OMS), y que, con el lema “Comienzos saludables, futuros esperanzadores” inicia el 7 de abril
una campaña de un año para instar a los gobiernos y a la comunidad sanitaria a intensificar los esfuerzos para “erradicar las muertes maternas y neonatales prevenibles, y priorizar la salud y el bienestar de las mujeres a largo plazo”.
Los datos avalan la necesidad de acciones urgentes:
A nivel mundial, 300.000 mujeres mueren por razones vinculadas al embarazo o el parto cada año,
y 2 millones de bebés no llegan a cumplir el mes de vida.
Otros 2 millones mueren durante el parto, o antes
Aunque en pleno siglo XXI podría suponerse que la salud materno‑infantil es un campo médico bien controlado, un asombroso porcentaje —4 de cada 5 países — no están en vías de alcanzar los objetivos de mejorar la supervivencia materna para 2030 que se propuso la OMS en sus Metas del Milenio.
Las mujeres y las familias de todo el mundo necesitan atención de alta calidad que las apoye física y emocionalmente, antes, durante y después del parto.
En América Latina
En la Región de América Latina y el Caribe las cifras son alarmantes:
La hipertensión arterial, las hemorragias graves y las complicaciones derivadas de abortos inseguros son las causas más comunes.
Sin embargo, 9 de cada 10 de estas muertes se pueden prevenir con atención de calidad temprana, acceso a anticonceptivos y la reducción de las desigualdades en el acceso al cuidado médico.
En México,
la tasa de mortalidad materna en 2020 se estimó en 59,1 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, lo que representa un aumento del 4,6% en comparación con el valor estimado en el 2000.
En Costa Rica, son
22 las muertes por cada 100.000 nacidos vivos. La mortalidad materna es inferior al promedio regional.
En Panamá, la tasa de mortalidad materna se estimó en
49,5 muertes por cada 100.000 nacidos vivos.
En Guatemala, son
95.5 muertes por cada 100.000 nacimientos vivos.
Aunque en algunas naciones ha habido reducciones de la mortalidad materna, la meta es erradicarla.
Bienestar emocional
Y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) enfatiza que “las necesidades de salud de las mujeres van
más allá de sobrevivir al parto. Las mujeres de todo el mundo merecen el apoyo de profesionales de la salud que escuchen sus preocupaciones y satisfagan sus necesidades, incluso durante el prolongado período posparto, cuando millones de ellas aún carecen de atención crítica”.
Como destaca la OPS, el apoyo emocional es el otro componente fundacional en la meta de mamás sanas y bebés sanos.
A nivel mundial, alrededor del
10% de las mujeres embarazadas y el 13% de las mujeres que acaban de dar a luz padecen una afección mental, principalmente depresión.
En los países en desarrollo, estas tasas son aún más altas: el 15,6 % durante el embarazo y el 19,8 % después del parto.
Es una estrategia global, nacional, local y común: las mujeres y las familias necesitan atención de alta calidad que las apoye física y emocionalmente, antes, durante y después del parto.
Los expertos que impulsan estas iniciativas aseguran que los sistemas de salud deben evolucionar para gestionar los numerosos problemas de salud que afectan la salud materna y neonatal. Estos incluyen no solo las complicaciones obstétricas directas, sino también las afecciones de salud mental, las enfermedades no transmisibles y la planificación familiar.
Fuentes consultadas: OMS, OPS, Banco Mundial.