Terminar la universidad. Conseguir un trabajo estable que les permita pagar sus propios gastos. Tal vez comenzar a pensar en su propia familia. Hoy en día la idea de emanciparse parece algo más lejana que décadas atrás.
Factores como el costo de vida, un mercado laboral altamente competitivo, y una tendencia creciente a “seguir dependiendo” no han hecho fácil ese camino.
A eso se suma el miedo al fracaso, que todos sentimos alguna vez. La presión por triunfar muchas veces paraliza a los jóvenes, dificultando que den los pasos necesarios hacia la independencia.
¿Cómo apoyarlos?
Encontrar un balance entre brindar apoyo y facilitar conductas de dependencia es una delgada línea. Entonces:
Es importante ofrecer una red de seguridad ante los tropezones que puede dar el adulto joven, una red que al mismo tiempo impulse la independencia.
Para esto se debe ofrecer un espacio en el cual el joven pueda expresar sus miedos libremente sin que se lo juzgue.
Para esto se debe escuchar con empatía.
No es fácil, de hecho, es más simple decir “Te lo dije…” o “No sabes nada de la vida”. Esas frases solo alejarán al joven.
Mantener una comunicación honesta y abierta puede ayudar a conocer lo que realmente está pasando o lo que dificulta que el joven salga adelante.
Los padres solemos tener expectativas altas en nuestros hijos. Pero hay que ser realistas, hay que celebrar los logros del adulto joven aunque sean pequeños pasos.
Por ejemplo, en lugar de centrarse únicamente en el objetivo final de conseguir un empleo a tiempo completo, los padres pueden alentar a sus hijos a realizar prácticas profesionales, trabajos a tiempo parcial o voluntariados para adquirir habilidades y experiencia.
De esta manera podrán comenzar a hacerse cargo de algunos gastos, pensar en rentar por sí mismos o con amigos, en definitiva, pasos de bebé hacia la vida adulta.
Aunque ya son “grandes” y, de hecho, adultos desde el punto de vista legal, todavía es importante conocer sus otras relaciones: amigos, novios, novias. La influencia de otras personas importantes en la vida del joven adulto puede ser clave para los pasos que dé.
Y recuerda, los padres pueden apoyar e involucrarse, pero también pensar en sí mismos; eso también es dar el ejemplo. Los padres son el espejo en el que el hijo se mira para moldear su propia vida y sus valores.
Y, por supuesto, estos canales de comunicación no deben comenzar cuando el joven cumpla 21 años. Estas conversaciones y estos aprendizajes deben iniciarse en la infancia, con el tono adecuado para cada edad.
Sí, es casi una estrategia de malabaristas, pero puede dar resultados. Si el joven siente el apoyo positivo, esto lo ayudará a enfrentar el futuro con herramientas sólidas, para lograr ser un adulto productivo y feliz.
Fuentes consultadas
Psychology Today, “Supporting Young Adults in Their Transition to Independence”.
Texas Children’s, “10 tips for preparing your child for adulthood”.
Center for Parents’ Information & Resources, “Getting Ready for When Your Child Reaches the Age of Majority: A Parent’s Guide”.