El estrés temprano en la vida puede sentar las bases de problemas digestivos a largo plazo al alterar la conexión entre el intestino y el cerebro, revela un estudio reciente publicado en la revista Gastroenterology.
Porque sí, aunque parezca increíble, las neuronas y el estómago pueden ser amigos… o enemigos. Investigaciones realizadas tanto en ratones como en miles de niños han hallado vínculos entre el estrés y síntomas como el dolor, la
constipación o el
síndrome del intestino irritable.
La investigación también destaca cómo el entorno temprano de un niño puede tener efectos físicos duraderos, no solo emocionales.
Qué es la conexión intestino‑cerebro
Si alguna vez te has “dejado llevar por lo que dicen tus tripas” para tomar una decisión, o has sentido “mariposas en el estómago” al ver a alguien que te gusta, es muy probable que estés recibiendo señales de una fuente inesperada: tu segundo cerebro.
Oculto en las paredes del sistema digestivo, este “cerebro en el intestino” está revolucionando la comprensión sobre los vínculos entre la digestión, el estado de ánimo, la salud e incluso la forma en que piensas.
Los científicos llaman a este pequeño cerebro el sistema nervioso entérico (SNE). Y no es tan pequeño. El SNE consta de dos finas capas de más de 100 millones de células nerviosas que recubren el tracto gastrointestinal, desde el esófago hasta el recto.
Esta relación directa hace que las afecciones mentales afecten el sistema digestivo.
En el caso de los niños, los problemas en el hogar, la ansiedad que pueden generar situaciones en la escuela o un
estrés no manejado podrían hacer que se desarrollen afecciones del sistema digestivo a lo largo de la vida.
Cómo reconocer (y actuar) frente al estrés infantil
El
estrés en la niñez puede presentarse en cualquier situación que requiera que un niño se adapte o cambie. Puede ser provocado por cambios positivos, como comenzar una nueva actividad, pero está vinculado con más frecuencia con cambios negativos, como una enfermedad o una separación familiar, que hacen que el menor deje de sentirse seguro.
Se puede ayudar al niño aprendiendo a reconocer las señales de estrés y enseñándole maneras saludables para manejarlo.
Entre las causas más comunes del estrés están:
Preocupación por las tareas escolares o por las notas
Manejo de las responsabilidades como la escuela o los deportes
Problemas con los amigos, el acoso escolar o las presiones de los compañeros
Cambio de escuela, mudanza, lidiar con problemas de vivienda o no tener dónde vivir
Divorcio o separación de los padres
Crisis económica en el hogar
Los niños no les van a decir a los padres “estoy estresado”. Por eso es importante que los padres observen si aparecen algunos de estos síntomas:
Disminución del apetito y otros cambios en los hábitos alimentarios
Dolor de cabeza
Empezar a mojar la cama o hacerlo con frecuencia
Pesadillas
Alteraciones en el sueño
Molestia estomacal o dolor de estómago
Otros síntomas físicos sin ninguna enfermedad física
Los síntomas emocionales o de comportamiento pueden incluir:
Ansiedad o preocupaciones
Incapacidad de relajarse
Miedos nuevos o recurrentes (miedo a la oscuridad, a estar solo o a los extraños)
Aferrarse al adulto, no querer perderlo de vista
Rabia, llanto o gimoteo
Comportamiento agresivo o terco
Regresión a comportamientos típicos de etapas anteriores
Renuencia a participar en actividades familiares o escolares
Cómo ayudar a los niños
Los padres pueden ayudar a sus hijos a responder ante el estrés de forma saludable brindándoles un medio ambiente familiar adecuado para que el menor pueda crecer sin estrés. No es fácil, la misma vida a veces pone enfrente situaciones que ni siquiera los padres pueden controlar.
Lo más importante es estar atentos, observar, comunicarse y saber escuchar. Crear espacios de entretenimiento,
estimular la actividad física. Y empoderarlos para que también puedan aprender a confrontar situaciones difíciles por sí mismos, aunque es importante que siempre sepan pedir ayuda si sienten que la situación de estrés los supera.
Y, lo que a veces resulta difícil: dar el ejemplo. Si los padres están estresados, discuten o manifiestan sus temores y frustraciones frente al hijo de manera constante, esto dejará una huella que puede ir lesionando la autoestima y confianza del menor.
Y recuerda
Los padres, niños y adolescentes no tienen por qué afrontar un estrés abrumador por su cuenta. Si un padre o una madre está preocupado porque su hijo o hija experimenta síntomas significativos de estrés, puede resultar útil trabajar con un profesional de salud mental.
Como muestra el estudio, todo empieza y termina en el cerebro, que lo maneja casi todo. Por eso, la salud mental es esencial para minimizar el riesgo de males digestivos. Y para prevenir que estos perduren o reaparezcan a lo largo de la vida adulta.
Fuentes consultadas
Gastroenterology, “Enteric and Sympathetic Nervous System Pathways Mediate Early Life Stress Effects on Gut Motility and Pain: Mechanistic Findings With Human Correlation”.
Johns Hopkins Medicine, “The Brain‑Gut Connection”.
Mental Health America, “The Gut‑Brain Connection”.
Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, “Estrés en la niñez”.
American Psychological Association, “Identifying signs of stress in your children and teens”.
The University of Queensland, Australia. "Enteric Nervous System".