Antes de hablar de soluciones, es importante entender el alcance de este problema.
Dormir mal no afecta solo la energía, puede influir de muchas formas sobre nuestro cuerpo, especialmente sobre el sistema cardiovascular.
La falta de sueño también afecta lo que comemos. Esto ocurre porque se alteran hormonas como la grelina y la leptina, que regulan el hambre y la saciedad.
El impacto de un mal descanso no es solo físico, también puede verse reflejado en nuestro estado emocional.
No siempre es posible dormir bien
En este tipo de situaciones, las pequeñas siestas pueden resultar de gran ayuda. Si se "usan" correctamente, son capaces de mejorar el estado de alerta, rendimiento cognitivo y ánimo, sin interferir con el sueño nocturno.
En algunos casos puede ser necesario recurrir al uso de suplementos para complementar una buena higiene del sueño. Sin embargo, esta práctica siempre debe realizarse bajo recomendación y supervisión de un profesional de la salud.
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