Aunque expertos utilizan la palabra “cura” con cautela, el tratamiento del cáncer ha cambiado drásticamente en las últimas décadas.
Nuevos hallazgos han permitido que el modelo pasara de ser universal —una misma estrategia de tratamiento para todos los pacientes con cáncer— a terapias focalizadas en un individuo.
La eficacia de estos desarrollos ha logrado que, aunque se pronostican más casos, las tasas de supervivencia hayan aumentado.
Según
un nuevo informe lanzado en 2026 de la Asociación Americana del Cáncer, el 70% de las personas diagnosticadas con cáncer sobreviven cinco años o más, en comparación con el 49% a mediados de la década de 1970.
Aquellas diagnosticadas con tipos de cáncer que históricamente eran mortales ahora viven mucho más tiempo que a mediados de la década de 1990.
Sin embargo, dependiendo del país, e incluso dentro de un mismo país, las desigualdades en el acceso a la atención y el tratamiento persisten. Y los números cambian.
Cuáles son los avances clave
Los avances en inmunoterapia, edición genética y
detección temprana son tres de los desarrollos que han logrado modificar en muchos casos la curva de supervivencia.
Inmuno‑oncología. Se enfoca en tratamientos que fortalecen al sistema inmunitario para combatir el cáncer, con terapias como la terapia con células CAR‑T que han demostrado éxito. A diferencia de la quimioterapia que aniquila a todas las células, la inmunoterapia ayuda al propio sistema de defensas del organismo a reconocer las células cancerosas y a generar anticuerpos para combatirlas.
Terapia personalizada, focalizada o dirigida. En esta terapia, los planes de tratamiento se adaptan al perfil genético específico del tumor de cada paciente, lo que hace que las terapias sean más efectivas y con menos efectos secundarios.
Detección temprana y diagnóstico. Además de todas las
pruebas de detección conocidas, como la mamografía o la colonoscopía, se están desarrollando nuevas pruebas de sangre (como las biopsias líquidas) para
detectar el cáncer incluso antes de que aparezcan los síntomas, lo que aumenta exponencialmente las posibilidades de lograr un tratamiento exitoso.
Esto ha logrado que el cáncer se convirtiera en una enfermedad manejable. Por eso, para muchos tipos de cáncer, el objetivo ahora se basa en la gestión crónica, lo que permite a los pacientes vivir vidas más largas y con una mejor calidad de vida.
Por qué hablar de “cura” es un desafío
Una de las principales razones por las cuales no se habla de “cura” es que el cáncer no es una sola enfermedad; son más de 200 enfermedades diferentes, algunas más graves que otras o más difíciles de diagnosticar. Y cada una de ellas posee mutaciones genéticas únicas que requieren enfoques de tratamiento distintos.
Además, las células cancerosas, al mutar, pueden volverse resistentes al tratamiento. O puede haber “recidiba”, que en la jerga médica significa que el cáncer puede volver a aparecer. Por eso, muchas veces se habla de “sobreviviente del cáncer” y no “curado”.
La investigación actual se centra en seguir estudiando y perfeccionando los avances, y hasta combinar terapias, para mejorar las probabilidades de remisión a largo plazo, incluso para los cánceres más difíciles de tratar.
Por supuesto, los hábitos de vida tienen un peso enorme en el desarrollo y casos de cáncer. La
dieta, el
tabaco y el
alcohol siguen siendo variables a modificar en nombre de la prevención.
Mientras tanto, en los laboratorios, investigadores están desarrollando vacunas para ayudar al sistema inmunitario a reconocer y destruir las células tumorales.
Y en los tratamientos del cáncer ya es protagonista activa la inteligencia artificial que se está utilizando para analizar datos y descubrir nuevos objetivos de tratamiento con mayor rapidez.